5) Por lo mismo, no quiero llamar "madre" a ninguna otra en la tierra. Me rehúso a tener otra fuera de ti, Madre de Dios. No hay otra que pueda compararse contigo, por virtud, por belleza, por caridad y mansedumbre, por piedad y dulzura, por fidelidad y consuelo maternal, por misericordia y por tantos gestos de compasión.
“Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.” (Apocalipsis 12, 1)
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viernes, 7 de agosto de 2015
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