5) Nadie puede expresar el gozo de María, nadie está en condiciones de comprender la abundancia de su dulzura y la grandeza de su consuelo, porque donde más sobreabunda la gracia, más sobreabundan la alegría y el consuelo, y también Dios con mayor frecuencia suele efectuar sus visitas. De lo cual se sigue que siempre más fervorosamente aumenta el amor por la alabanza de Dios y se renueva toda la vida interior del hombre. Por lo tanto, la gracia celestial no permite que un cristiano, que ama a Dios sobre todas las cosas, viva sin consuelo interior, sino que lo eleva de continuo a los bienes celestiales y lo ilumina sabiamente acerca de lo que conviene hacer. Lo enardece en las santas meditaciones y lo impulsa al agradecimiento, puesto que cuanto más grande es la gracia y más pura la vida, tanto más jubilosa es la conciencia y más devota la plegaria.
“Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.” (Apocalipsis 12, 1)
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viernes, 26 de junio de 2015
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