viernes, 3 de julio de 2015

Julio 3

         2) Que te alaben el cielo y la tierra, que toda su belleza te exprese su agradecimiento. Que mi alma te alabe, carísima Señora, que lo más íntimo de mi ser se regocije por completo delante de ti con suma reverencia. La lengua no es capaz de cantar tus alabanzas, ni la mente de meditar tus grandezas. Por eso, me arrodillo humildemente ante ti, oh María, Gran Madre de Dios. Acoge mis plegarias y escucha con maternal afecto los deseos de mi corazón.

jueves, 2 de julio de 2015

Julio 2

Capítulo VI

María nos muestra a su Hijo Jesús

          1) El Hijo. Regocíjate hoy, Santa María, porque das a luz los gozos de la nueva alianza; regocíjate, Madre Intacta, porque continúa tu virginidad florecida de gloria; regocíjate, Madre Virgen, porque fuiste preservada de la maldición y del oprobio de las mujeres. Puedes con justicia regocijarte en Jesús, tu Salvador, porque le brindas calor en tu seno y depositas con tus manos en el pesebre a aquel que los cielos no pueden contener. Con justicia adoras al que nació de ti en el tiempo, pero que -como bien sabes-, por encima de ti tiene a Dios como Padre. Con justicia le proporcionas los cuidados maternos, y dado que por su gracia llegaste a ser tan sublime y celestial, tu espíritu se regocija por encima de todas las cosas.

miércoles, 1 de julio de 2015

Julio 1

             11) El mismo Jesús entró en esa fortaleza, asumiendo de ella los sagrados miembros de su cuerpo, con el fin de vencer al príncipe de las tinieblas. Tú también, entonces, entra para refugiarte a la sombra de esta fortaleza, rogando día y noche ser salvado, por los méritos de la Santísima Virgen, de todos los males que te amenazan, manteniéndote a buen seguro bajo el amplio manto de nuestra Señora, ya que, cuando María ruega, desaparece toda horda maligna. Si María te ayuda, te salvarás de todo peligro. En ella encuentra refugio el pobre; halla remedio el enfermo; encuentra consuelo el aflijido; recibe consejos el vacilante; encuentra energía el descorazonado. Será un bien, mejor dicho, un gran bien para ti, si lo merecieras y si fueras propenso y dócil a los deseos de María, porque recibirás sus favores aquí en la tierra y la gloria con todos los elegidos en el cielo. Estréchate a María y no la sueltes, hasta que te haya conducido con su feliz orientación a la mansión del cielo. Amén.