10) Lamentablemente, después de haber gustado por breve tiempo los divinos consuelos, la debilidad de la carne te empuja una vez más a bajar a este valle de lágrimas. Pero entonces tienes que recurrir con todas tus fuerzas a la Madre de las abundantes misericordias, para que sugiera a su Hijo compasivo que tú no tienes más vino y necesitas el sagrado ungüento de la devoción para poder alabarlo dignamente. Es él, en efecto, el que toma a su cuidado a los pobres, a los que desprecian el mundo y a los que en el mundo son despreciados a causa de Jesús y del evangelio del Reino. Por lo cual es muy útil saber dónde encontrar refugio contra el enemigo, al reparo de los agudos dardos, y dónde refugiarse del frío y de las tempestuosas tribulaciones. No hay lugar donde refugiarse más seguro que en el regazo de María, ni cabalgadura más veloz para huir de las manos del tentador que una oración dirigida con fe a la fortaleza de María, nuestra Reina.
“Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.” (Apocalipsis 12, 1)
martes, 30 de junio de 2015
Junio 29
9) Sé reconocido a los beneficios que Dios gratuitamente ha concedido a todo el género humano por medio de su Santísima Madre, y tribútale a ella continuamente gratitud y honor, puesto que, si la ley natural ordena tener respeto y amor por los progenitores carnales, mucho más los hijos de la Iglesia deben sentirse agradecidos y obligados respecto de su Madre espiritual, y amar a la Madre de Dios más que a todos los parientes y allegados. Es necesario que aprendas a elevarte hacia Dios con María por medio de alabanzas y plegarias. Es necesario que te apoyes confiadamente en su patrocinio, sin creerte seguro con tus fuerzas, para que tu mente, agobiada por las pasiones, no quede enredada en las bajezas, sino que, enardecida cada día por nuevos deseos, pueda tender libremente hacia lo alto, donde reina felizmente con Jesús, Rey de los ángeles, la dulce Virgen María, gloriosa Reina del cielo.
domingo, 28 de junio de 2015
Junio 28
8) Ruega por tus amigos y benefactores; ruega también por tus detractores, para que a los buenos se les conceda una gracia adecuada, a los enemigos un juicio con equidad, a todos la paz y la misericordia de Cristo. Ruega con el fin de que todos los hombres, por los cuales Dios realizó tantas maravillas y se rebajó, sometiéndose humildemente a María y a José, lo amen, practiquen sus mandamientos y den gloria a su Creador.
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