6) No pido cosas difíciles o imposibles, sino sólo esta: dime una palabra de íntimo aliento, que me dé gozo y alegría. Acudo a ti en la necesidad; recíbeme, pues, con rostro benigno. Tu servidor sabrá que ha hallado gracia ante ti, si le concedes algo amorosamente. Esto es, si no te demoras mucho en otorgarle el consuelo que implora de ti.
“Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.” (Apocalipsis 12, 1)
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jueves, 30 de julio de 2015
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