miércoles, 3 de junio de 2015

Junio 3

          3) Cada vez que estés por recitar las divinas alabanzas o por realizar cualquier acción, a solas o con los otros, eleva primeramente los ojos al cielo e invoca con ternura a Jesús y a María, poniéndote entre súplicas bajo su vigilante protección, haciendo la ofrenda de ti mismo a su beneplácito, a fin de que tu acción sea grata a Dios, útil al prójimo y meritoria para ti. Que tu mente sea siempre pura, tu voluntad decidida, discreto tu trabajo, controladas tus palabras, bien terminadas tus acciones. Que todo se desarrolle para alabanza de Jesús y de su bendita Madre.

Junio 2

      2) El cuerpo ama los buenos olores y se reanima con el sustento de los alimentos; el alma en cambio se nutre, se robustece y se regocija con sólidas virtudes y santas meditaciones. Por eso, cuanto mayor sea la dedicación para perfeccionarse bajo la guía y en la escuela de los más nobles maestros, tanto más eficazmente se aprende y, en breve tiempo, se llega al colmo de la felicidad. Ahora bien, los más grandes maestros de las virtudes y las más destacadas luminarias de toda la santidad son Jesús y María, y son los que tienes que proponer a tu pequeñez para modelos de imitación, como si estuviesen delante de ti. A ambos debes unirte, haciéndote familiar suyo, dedicándote a ellos; y, en cualquier circunstancia en que oigas hablar de los mismos, detente a escuchar con diligencia cada punto. Y luego recapacítalo largo rato, y reflexiona atentamente acerca de lo que suscita edificación y dulzura.

lunes, 1 de junio de 2015

Junio 1

Capítulo III

Efectos de la devoción a María

          1) "Mi recuerdo es más dulce que la miel" (Ecli 24, 19). Estas palabras de la Eterna Sabiduría se aplican decorosa y oportunamente a la Madre de la misericordiosa, de la que nació Cristo, sol de la justicia. Dulce es Jesús, dulce es María, porque en ellos no hay amargura alguna, sino suma piedad, mansedumbre, caridad e inmensa misericordia. Dichoso el que sigue las huellas del humilde Jesús y se dirige con devoción a su Madre, para encontrar gracia ante ellos. Por lo tanto, fidelísimo servidor de Dios, reúne en un cuaderno lo que hizo y enseñó Jesús, y te será más útil que todos los tesoros del mundo. Medita frecuentemente en las acciones y las palabras de su Santísima Madre, que serán de enorme consuelo para el alma y más perfumadas que todos los aromas.