miércoles, 3 de junio de 2015

Junio 3

          3) Cada vez que estés por recitar las divinas alabanzas o por realizar cualquier acción, a solas o con los otros, eleva primeramente los ojos al cielo e invoca con ternura a Jesús y a María, poniéndote entre súplicas bajo su vigilante protección, haciendo la ofrenda de ti mismo a su beneplácito, a fin de que tu acción sea grata a Dios, útil al prójimo y meritoria para ti. Que tu mente sea siempre pura, tu voluntad decidida, discreto tu trabajo, controladas tus palabras, bien terminadas tus acciones. Que todo se desarrolle para alabanza de Jesús y de su bendita Madre.

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