7) Después de haber escuchado el elogio de sus alabanzas, imita tú también a la Madre de Dios, para que puedas merecer el formar parte del número de sus devotos. Esfuérzate por seguir cuidadosamente a María Santísima en sus celebradas virtudes, y conseguirás la palma de la gloria celestial. Entristécete mucho por tus pasadas negligencias y por los defectos aún no vencidos, con los que has ofendido a Dios y a todas las criaturas. Obraste mal en esta tierra y te portaste con tibieza en el servicio de Cristo, por lo cual debes llorar ante todo a causa de ti mismo y luego, por caridad, a causa del prójimo. Por lo tanto, compadécete de aquellos que en los peligros se comportan mal y no lo advierten. Muchos, aun reconociendo sus propias maldades, no se enmiendan. Por estos es necesario afligirse y rezar, para que Dios les conceda el espíritu de compunción para poder salvarse.
“Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.” (Apocalipsis 12, 1)
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