2) Ama a María, entonces, y recibirás una gracia especial; invoca a María, y obtendrás victoria; honra a María, y conseguirás la eterna recompensa. Acarrea dos beneficios especiales el vivir con ella: enseña a agradecer a Dios desde lo profundo del corazón, cuando las cosas andan bien; y a soportarlas con paciencia, cuando andan mal. Ella fue la primera en agradecer continuamente y con todas sus fuerzas a Dios, por los beneficios que recibió de él más que todos los otros; y se portó siempre con mansedumbre en todos los sufrimientos de este mundo, prefiriendo constantemente las cosas más humildes a las que connotan jactancia. No vivió un solo día sin dolores y, sin embargo, en medio de las angustias, nunca careció de gran consuelo, porque toda tribulación abrazada por Cristo produce dulzura y alegría, y con cuanta mayor frecuencia uno es tomado como blanco y herido por el mal, tanto más merece ser ayudado.
“Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.” (Apocalipsis 12, 1)
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