domingo, 31 de mayo de 2015

Mayo 31

         5) Quinto ejemplo. En nuestro convento había un fraile anciano llamado Egberto. Era devoto a Dios y a la Bienaventurada Virgen, como también fervoroso amante de la santa pobreza. En la medida en que se lo permitían sus fuerzas, trabajaba intensamente, labrando la tierra con la azada o arado. Mientras transpiraba en su dura labor, pensaba en los dolores de la pasión de Cristo. Luego, cansado por el trabajo y con el fin de dar alivio al cuerpo, insistía en la oración. Largo tiempo el diablo lo tentó para que abandonara el monasterio y se fuera a mendigar por el mundo, diciéndole que eso era más agradable a Dios y que así se despojaría de las comodidades de las que él se consideraba indigno. Pero abandonó este proyecto por consejo del prior y por las recomendaciones de los cohermanos, evitando de este modo afrontar peligros y cometer errores al andar vagando por el mundo. Con frecuencia el astuto tentador engaña bajo las apariencias de un ángel y aleja las almas del camino del bien.
       De todos modos, como no estaba contento de permanecer en el convento, pero tampoco quería abandonarlo sin el debido permiso, se dirigió a la Virgen Bienaventurada mediante la oración. Un día, cansado por el trabajo, se arrodilló para rezar según su costumbre. Mientras se hallaba a solas postrado en el suelo, se durmió dulcemente y vio a la Venerable Señora que estaba a su lado y le decía estas palabras: "Quédate en este lugar y haz lo que te han dicho el prior y los cohermanos". Después de esta indicación, la Señora desapareció y el fraile, vuelto en sí, lloró copiosamente. Se dirigió con rapidez adonde estaba el prior y entre gemidos y llanto le relató lo que había visto y oído. El prior, como buen pastor, respondió con palabras de aliento a la triste ovejita: "Esto me agrada, querido Egberto. Quédate con nosotros, tal como hace un rato te lo ha recomendado nuestra Señora". El fraile no siguió viviendo mucho tiempo; pero a cambio de una breve labor recibiría el premio de la vida eterna. Perseverando en la paciencia y en la obediencia, se durmió en el Señor en la mañana de la octava de san Juan apóstol y evangelista, del año 1420.

Mayo 30

          4) Cuarto ejemplo. Un fraile, cuando tenía tribulaciones, solía invocar a Jesús y a la piadosísima Madre María. Y cuando era tentado por alguna viciosa pasión o tristeza, se refugiaba en la meditación de la pasión de Jesús, rezando el Ave María e invocando el auxilio de Jesús y María contra la tentación. Una noche vio en sueños al diablo, que se acercaba y quería hacerle daño. Temiendo le sucediera lo peor, sin posibilidad de escapatoria, comenzó a recitar en voz baja el Ave María. Cuando el diablo lo oyó invocar a Jesús, inmediatamente se alejó de él y comenzó a huir a toda velocidad. Al ver esto, el hermano empezó a gritarle de atrás: "Jesús, Jesús", y cuanto más fuerte gritaba ese nombre, tanto más velozmente se alejaba Satanás aterrorizado por el dulce nombre de Jesús y de María su Madre. Y desapareció. Frente al hecho soñado exclamó: "Si con un Ave María puedo poner en fuga al diablo, ¿qué tengo que temer?".

viernes, 29 de mayo de 2015

Mayo 29

          3) Tercer ejemplo. Dos frailes regulares caminaban juntos hacia una montaña, para visitar a parientes y a fieles en Cristo. Sucedió que se desviaron un tanto del camino justo. Entonces, el monje más anciano dijo al más joven: "Hermano, me parece que nos hemos equivocado; por lo tanto volvamos para atrás", y comenzó a rezar y a invocar a la Virgen bienaventurada, para que les enviase un práctico que indicara el camino correcto. Habiendo recitado algunas plegarias, himnos y colectas en honor de la Bienaventurada Virgen, he aquí que se presentó de improviso un hombre con aspecto de peregrino, que llevaba sobre sus hombros un bastón y un bolso de viaje. Este saludó a los dos frailes y dijo que se estaba dirigiendo hacia la montaña, para ganar la indulgencia de san Quirino. Gustosamente se unió a ellos.
          Sin demora siguieron al guía por el justo camino durante un largo trayecto, hasta que llegaron al lugar adonde tenían que ir. Entonces el fraile más anciano, comprendiendo que se les había concedido una ayuda divina, agradeció a la Virgen Santa por haber enviado a un guía que los condujera a la meta, recordando las palabras de san Pedro:"Descarguen en él todas sus inquietudes, ya que él se ocupa de ustedes" (1 Ped 5, 7).