14) La rutilante Estrella del mar es sacudida por numerosas y angustiantes tempestades; pero su mente, que permanece fija en Dios, no es vencida por las perversidades humanas. Está pues erguida junto a la cruz, con constancia y paciencia, con fidelidad y amor, sin temer a los que la amenazaban de muerte y sin evadirse de quienes la maldicen. Todo lo soporta con tranquilidad de espíritu, y se esfuerza por competir con su Hijo humillado, no respondiendo nada a sus tan crueles enemigos. No utiliza expresiones de desdén ni hace gestos de indignación. Solamente emite profundos gemidos, llora con amargura, se apesadumbra con ansiedad, se compadece en lo íntimo y experimenta una inmensa aflicción. No se irrita con los crucifixores, ruega empero por los calumniadores, se entristece y se lamenta a causa de los que se burlan y blasfeman de Cristo. Por lo tanto, está de pie junto a la cruz en un mar de lágrimas, y con su ejemplo de mansedumbre ofrece el consuelo de la paciencia a todos los atribulados.
“Y apareció en el cielo un gran signo: una Mujer revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza.” (Apocalipsis 12, 1)
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